Termas de Vall, tarde de aforo completo. La taquilla doce de los vestuarios apareció abierta a las siete, con la ropa doblada dentro y la cartera encima del banco, vacía. La llave la llevaba puesta en la muñeca su dueño, que no salió del agua en dos horas. Solo hay una llave maestra y vive en un cajón de recepción que abre todo el personal.
Quien miente, miente en todo lo que dice.