Villa Rueda, sábado por la tarde. La familia entera se ha reunido para celebrar cuarenta años de bodas, y el salón lucía hasta hace una hora el reloj de pared que perteneció al abuelo. Ahora solo queda el gancho vacío sobre el papel pintado, y una casa llena de invitados que juran no haberse movido del sofá durante el brindis.
Quien miente, miente en todo lo que dice.