Casino del Estrecho, cuatro y diez de la madrugada. La ficha conmemorativa de cien mil, la única que la casa ha emitido en sesenta años, esperaba en el cajón bajo el mostrador de la caja hasta que la reclamara el ganador de la partida alta. La partida terminó, el ganador se acercó a cobrar y el cajón estaba abierto. Nadie ha salido del edificio: el portero cerró la puerta a las tres.
Quien miente, miente en todo lo que dice.