Granja de los Robles, seis y media de la mañana. La puesta entera del gallinero llevaba dos semanas apartada para el concurso de la feria: doce docenas contadas y marcadas una a una, esperando en las bandejas junto a la puerta. El camión llega en una hora, las bandejas están vacías, y para entrar en el gallinero hay que cruzar el corral a la vista de toda la casa.
Quien miente, miente en todo lo que dice.