Lonja del puerto viejo, cinco de la mañana. La primera subasta del día cerró con la mejor puja de la temporada y el dinero quedó en la caja de madera de la sala, esperando a que abriera el banco. Cuando la rematadora volvió con el libro de firmas, la caja seguía en su sitio y en su sitio seguía la llave. Dentro no había nada, y para salir de la sala hay que pisar el muelle.
Quien miente, miente en todo lo que dice.