Casa Núria, entre servicios. La trufa blanca que sostiene el menú de temporada llegó ayer del Piamonte envuelta en arroz, dentro de su caja, en el estante alto de la cámara: doscientos gramos que valen más que la vajilla entera. A las cinco de la tarde la caja está en su sitio, el arroz también, y la trufa no. La puerta de la cámara hace un ruido que se oye desde la cocina.
Quien miente, miente en todo lo que dice.