Bodega Valdeleña, noche de la cata anual. De la añada del 89 quedaba una botella en el mundo y estaba ahí, en el cubo de cristal que hace de sala de catas en mitad de la nave de barricas, descorchada a medias delante de catorce personas que habían viajado para probarla. Hubo un apagón de cuatro minutos. Cuando volvió la luz, la botella no estaba, el corcho sí, y nadie ha salido de la nave: la puerta de la tienda lleva cerrada desde las nueve.
Quien miente, miente en todo lo que dice.