Villa Rueda, un cuarto de hora antes del brindis. La tarta de tres pisos que Marcos trajo esta misma mañana apareció hundida sobre la encimera de la cocina, con la crema desparramada hasta el fregadero. Nadie quiere perderse el postre de un aniversario de cuarenta años, y menos aún cargar con haberlo destrozado delante de toda la familia.
Quien miente, miente en todo lo que dice.