Clínica rural de La Alameda, turno de noche. El armario de estupefacientes de la farmacia se abre con dos llaves y un código que conocen tres personas; a las cuatro y diez faltaban catorce ampollas y el recuento de la tarde estaba firmado. La cerradura no está forzada y el registro electrónico no anotó ninguna apertura.
Quien miente, miente en todo lo que dice.