Lonja del puerto viejo, seis y media de la mañana. El atún de doscientos treinta kilos que descargó el pesquero de madrugada entró en la cámara con su etiqueta, su hora y su firma, esperando el turno de báscula. A las seis y media la etiqueta está en el suelo, el gancho vacío y la puerta de la cámara cerrada como debe. En la lonja un atún así no se saca a hombros sin que lo vea el muelle.
Quien miente, miente en todo lo que dice.