Casa Núria, cierre de un martes. El cuaderno de tapas negras donde la chef lleva veinte años escribiendo a mano las recetas de la casa —las de verdad, con las cantidades que no salen en la carta— vive en el cajón del pase, bajo el tajo. Esta noche el cajón estaba abierto y el cuaderno no estaba. Dentro de tres semanas abre a doscientos metros un restaurante que dirige alguien que trabajó aquí.
Quien miente, miente en todo lo que dice.