Oceanográfico, noche de traslado. En la sala tropical vivía desde marzo un ejemplar único, comprado a un criador de Singapur por más de lo que cuesta el edificio entero, esperando a que le terminaran su tanque definitivo. A las once el acuario apareció con el agua a media altura, la tapa corrida y ningún pez dentro. No hay cristales rotos y el agua del suelo llega hasta el túnel.
Quien miente, miente en todo lo que dice.