Termas de Vall, última hora de la tarde. El collar de perlas que una clienta de temporada deja siempre en la bandeja de su cabina llevaba allí desde las cinco, como cada martes desde hace nueve años. A las siete la bandeja estaba en su sitio y la puerta de la cabina 4 seguía entornada, igual que la dejó. El collar no. Y aquí dentro nadie lleva bolsillos.
Quien miente, miente en todo lo que dice.